Colaboración de Eva Fontdevila/ Abrojos Colectivo de Educación Popular, Tucumán
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Uno de los avances conseguidos por la sociedad argentina en los últimos años, con la voluntad política de un gobierno que acompaña los nuevos paradigmas culturales, es sin dudas la sanción de la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Nº 26.061). En ella se establece como prioritario el respeto de los derechos de todos los jóvenes, sin distinción. Esto incluye, lógicamente, a aquellos adolescentes que por diferentes razones y empujados por sus condiciones históricas cometen delitos o infringen la ley penal.
Entre otros aspectos a destacar, la ley de protección integral propone el desarrollo de medidas alternativas a la privación de la libertad para los menores de edad, entendiendo que el encierro no permite la garantía de los derechos ni la promoción del desarrollo de una subjetividad plenamente digna. En este sentido, las instituciones de encierro aparecen como una opción temporaria que obliga a una evaluación profunda caso por caso para la búsqueda de opciones de intervención.
En la provincia de Tucumán, con la sanción de la Ley de Protección Integral provincial (Nº 8293), en mayo de 2010, la situación de los jóvenes en conflicto con la ley penal se ha visto alterada por un reposicionamiento de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia como su organismo de aplicación. Lo que se ha modificado, aunque la consolidación llevará un largo tiempo, es un replanteo de la relación entre el Poder Judicial y el Ejecutivo en la decisión sobre la situación de los adolescentes que infringen la ley. La Dirección de Niñez ha establecido una política de contención de los jóvenes que reemplaza a la judicialización como único abordaje, planteándose integralmente su situación: articulación con las familia, con otros organismos públicos de salud y educación, la creación de un Departamento de Atención Integral, y la formación de un Centro Socioeducativo, donde los adolescentes participan de espacios de formación en oficios y de reuniones de reflexión sobre sus posibilidades.
Además de las medidas alternativas, la DiNayF ha introducido cambios sustanciales dentro del Instituto Julio A. Roca, donde se alojan varones adolescentes. Desde 2008 los jóvenes están a cargo de operadores convivenciales con formación terciaria que presentan proyectos artísticos, culturales o recreativos para desarrollar con los jóvenes, y la policía se ocupa solamente del control del acceso y eventualmente de intervenir en conflictos graves.

En el marco de este cambio, se promueve el desarrollo de instancias de ejercicio de la libertad de expresión, como el proyecto de comunicación que dicta Abrojos, Colectivo de Educación Popular desde el mes de enero de 2011. El objetivo de ese espacio es transitar una serie de talleres de comunicación que comiencen a vincular este espacio con la Red de Jóvenes Comunicadores de Tucumán que venimos construyendo con escuelas públicas y privadas, y con Institutos y Hogares bajo el programa de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia.
La breve experiencia desarrollada hasta ahora nos ha planteado más preguntas que respuestas, sobre esta compleja realidad que implica el encierro, al tiempo que nos ha permitido confirmar la importancia de los derechos humanos como paradigma para este trabajo.
Desde el comienzo hemos planteado un taller que parta de las inquietudes y posibilidades de los jóvenes. Nos hemos propuesto abordar la temática de la identidad en relación con la construcción de relatos propios, donde los estigmas hegemónicos que pesan sobre los jóvenes “infractores” son la llave de la puerta al círculo vicioso de la reincidencia.
El taller de comunicación comenzó con la producción de un Cd personal donde cada joven diseña su tapa y proyecta su contenido: canciones, poemas y dibujos hablan por sí mismos. Una gran necesidad de expresarse, limitada en algunos casos por la dura realidad del analfabetismo.
Bastó un afiche en la pared para listar posibles actividades, deseos de los chicos, entre los que se cuenta grabar un video sobre su vida privados de libertad, hacer radio, comentar partidos protagonizados por ellos mismos.
Con esa lista y varias conversaciones encima, nos lanzamos a grabar el video clip de la canción “Los pibes del Roca”, compuesta por La banda de Coki. El clip fue realizado con los jóvenes que fabricaron los personajes de la canción en plastilina, y con la técnica del stop motion animamos fotografías que les dan movimiento a los personajes. Por otro lado, con la colaboración de un guitarrista y un percusionista grabamos la canción interpretada por los mismos jóvenes, y produjimos un audio que relata el modo en el que la canción se transmite oralmente entre los adolescentes, que se las cantan a los que ingresan por primera vez.
La primera impresión que da el Roca es que uno sabe tan poco de la intensidad vital que hay ahí adentro. Se sabe a priori por todos los prejuicios que tenemos de los lugares de encierro forzoso, pero es poco, no alcanza para comprender.

Foto: Abrojos
Lo que uno sabe ya, hoy, puede alcanzar como mucho para entristecerse, para apesadumbrarse, para sentir compasión por el sufrimiento ajeno, o sentir hasta en los huesos que algo hay que hacer para. ¿Para qué?, Y eso es lo que primero tenemos que Aprender /haciendo, o Hacer/aprendiendo en este proceso los educadores que llegamos a instituciones de este tipo. ¿Cuál es el “qué” que queremos encontrarle a nuestra práctica educativa en un lugar como el Roca? Sabido es que muchas respuestas están a priori denegadas. Todas las que puede responder el juez de la causa, el abogado o la profesional que se encuentra realizando la evaluación de la situación familiar del joven. Están todas por fuera de nuestro campo de acción. ¿Cuál es el “qué” distinto a conseguir nuevamente la libertad que uno tiene derecho a aspirar? ¿Podría haber un qué un tanto más chico, menos pretencioso pero igual de gratificante? ¿Cuál es el qué educativo de un tenor distinto al de alivianar (entretener) la dura realidad cotidiana que padecen los pibes ¿changos? en el Roca? Y si por ahora no debe tratarse de algo mucho más profundo que eso, entretener, acompañar, abrir un poco el universo de conversadores adentro de los muros, de lugares y referencias, de mentes soñadoras que abran el abanico de relatos posibles, ¿es muy poco?
Cuando hablamos de que la experiencia de proponer un proceso educativo en un lugar como el Roca presenta desafíos impensables, nos referimos a que el tiempo y la evolución presentan a priori una promesa de pérdida de control para el educador. Y tal vez esa sea la esencia de la tarea educativa, la entrega deliberada hacia la pérdida del control. Pero en lugares como el Roca esto implica más imprevistos y menos certezas.
Para los educadores populares es del tipo de experiencias que te movilizan por su potencia de interpelación. Requiere poner en práctica muchos de los preceptos que sostenemos en nuestra vida educativa cotidiana (inclusive con dudas) pero con la capacidad dubitativa exacerbada. Una invitación a caminar a tientas, como las de cualquier taller que proponemos en cualquier contexto, pero más aún, más a tientas, tocando los bordes de la baranda con más decisión antes de emprender el nuevo paso y preguntándonos en todo momento si es así o de otro modo lo que debiéramos estar haciendo.
Eva Fontdevila, de Abrojos Colectivo de Educación Popular


